Todos contra el racismo… ¿cuánto hay de verdad?

La violencia racial ha vuelto a las calles de EE UU y las redes sociales se inundan de protestas y solidaridad con la comunidad negra. Pero más allá de estos gestos, se esconde una verdad muy preocupante.

El asesinato de George Floyd a manos de la policía tras ser detenido por intentar pagar con un billete de 20 dólares falso ha puesto de pie al mundo. Un agente de Mineápolis tuvo su rodilla sobre el cuello de este hombre negro durante más de ocho minutos y acabó asfixiándolo aunque él no dejaba de repetir que no podía respirar y en ningún momento ofreció resistencia a la autoridad… Un nuevo caso de brutalidad policial en la paradójicamente llamada tierra de las libertades desata la cuestión racial en todo el mundo. Protestas, muros de redes sociales en negro y hastag como #blacklivesmatter se han sucedido durante días. Y es que resulta muy sencillo mostrar solidaridad desde el salón de casa, llevándote las manos a la cabeza por la muerte de ese hombre, aunque deberíamos preguntarnos si más allá de no desear esa violencia manifiesta somos o no racistas en nuestra cotidianeidad.

La realidad es que, desgraciadamente, los negros siguen siendo una raza castigada y denostada; incluso entre las personalidades de éxito. El único piloto de color de Fórmula 1, Lewis Hamilton, lo sabe bien y ha hablado así al respecto: “Mucha gente parece sorprendida, pero desafortunadamente para nosotros, no supone una sorpresa. Aquellos de nosotros que somos negros, marrones o mitad y mitad, lo vemos todos los días y no deberíamos sentirnos como si hubiéramos nacido culpables, fuera de lugar, o tener miedo por nuestras vidas por nuestro color de piel”. Además, ha ensalzado en sus redes el papel de su padre: “un hombre negro fuerte y exitoso”, además de pedir que no nos quedemos sentados sin hacer nada contra esta lacra.

El actor Will Smith también ha alzado la voz y ha dejado claro que éste no es un hecho aislado: “El racismo no se está poniendo peor, sólo se está grabando. Solo ahora que el mundo está bien equipado con cámaras este problema ha sido capaz de salir a la luz de esta manera”. Como él, muchos personajes famosos han puesto su granito de arena en esta protesta.

Sin embargo, la cruda realidad es que muchas de las personas que no se consideran racistas y que condenan lo sucedido en Estados Unidos, también se comportan de manera discriminatoria en su día a día. No hay más que preguntar a unos padres si les gustaría que su hij@ tuviera una pareja negra… Unos sonríen disimulamente y contestan: “No, pero es complicado y yo no quiero que mi hij@ sufra”. Otros van un paso más allá y admiten que preferiría que fuera blanc@, pero que lo aceptarían. Y todos dejan bien claro que ellos no son racistas, pero sí lo son. Eso es racismo. Os recomiendo leer el libro Las que se atrevieron de Lucía Asué Mbomio Rubio, ambientando en la época del franquismo. No han cambiado tanto las cosas como podríamos pensar.

A nivel laboral también hay discriminación, como dicta un informe presentado a Naciones Unidas que especifica: “La discriminación racial está presente en todos los ámbitos de la sociedad española, desde los centros escolares hasta el mercado de trabajo, pasando por la vivienda, la sanidad y otros servicios sociales”. Es decir, los negros tienen más dificultades a la hora de encontrar empleo y éste generalmente es en sectores como la construcción y el campo. Muchos consideran que la situación en la que se hace trabajar a los subsaharianos en las campañas de recolecta es la nueva esclavitud de este siglo por los bajos salarios y las condiciones infrahumanas en las que están. El debate está abierto.

La esclavitud de la población negra, una de las épocas más vergonzantes de la historia y que se mantuvo durante cientos de años, fue abolida a finales del siglo XIX, pero la igualdad racial nunca ha sido verdaderamente efectiva. Incluso en países con gran número de ciudadanos de color, como puede ser Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica o Francia, y muchas parejas mixtas. A nivel personal, he comprobado esa discriminación en dos situaciones muy distintas: en una relación personal con un chico negro y durante el proceso de adopción de mi hija. En la primera, me sorprendió y me deprimió bastante ver las miradas y la reacción de la gente en la calle al ir acompañada de un afrobritánico, llegando a prohibirnos la entrada en un local. En la segunda, la persona que daba los cursos preparatorios para adoptantes me dio una bofetada en la cara sin guante al expresar una realidad a los presentes. Nos dijo que la raza del niño o niña que queríamos adoptar SÍ era importante: “Hay gente que ve a los bebés negros tan bonitos y no lo duda. Sin embargo, ese niño crece y se convierte en un negrazo y es entonces cuando vienen los problemas con ellos mismos, con la familia o con el círculo más cercano”. Aunque pueda resultar crudas sus palabras, ella se refería precisamente a eso, a que hay racismo en personas que incluso creen que no lo son y lo había visto con sus propios ojos: familias que se arrepentían de haber adoptado a un niñ@ de color con el paso de los años. El debate está abierto, ¿puedes decir sin temor a equivocarte que no eres racista, que no discriminas a nadie por su nacionalidad o su color de piel?

Publicado por maitetorrente

Periodista, apasionada de la escritura, la moda, la belleza, la literatura, el rock, los tatuajes... Madre de una princesa, trabajadora entusiasta y alma emprendedora.

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